lunes, 16 de junio de 2014

Francesc Raspall 22 de Abril de 1939

 
 

 




 
Arriba España Viva Franco
Burgos, 22 abril 1939 (Año de la Victoria)
A Francisca Lladós
Sabadell
Apreciada amiga: Ante todo te ruego me perdones, pues no pude ir a despedirme como hubiera sido mi deseo, no sabía seguro el día que partiría; así que fui a Barcelona y se me quedaron, eso fue el sábado, 15; espero pues te harás cargo.
Por la Caja de Reclutas fui destinado a Sanidad en Burgos.
Poco puedo contarte de él, hace pocos días que estoy aquí, pero te haré un “pequeño” relato del viaje y de mi estancia en esta hasta la fecha.
Salí el sábado por la mañana de Sabadell, con ánimo de volver y pasar el domingo en casa; pero mi sorpresa llegó al límite cuando me nombran, entre otros, y nos dicen: (eso por la mañana), -a las tres y media aquí dispuestos a marchar a Burgos-. Hubiese querido volver a Sabadell, pero ya imposible, a menos que me expusiera a cargarme una bronca o un arresto. Así pues opté por quedarme en Barcelona a comer y presentarme a la Caja a la hora fijada.
Llegados que fuimos allí, nos nombraron por lista, dándonos a cada uno seis pesetas (socorro de viaje) un plato y una manta, indumentaria indispensable a nuestro papel de “quintos”. A eso de las siete y media salimos, debidamente formados de a tres, unos doscientos cincuenta individuos, producto de los destinos de aquel día, con dirección a la Estación del Norte interrumpiendo el tráfico a cada bocacalle, y ensordeciendo con nuestros cantos a los transeúntes “algún que otro” vecino curioso que asomaba en “alguna que otra ventana de los famosos “rascacielos” Barceloneses.
¡Por qué tardarán tanto en arrancar los trenes destinados a llevar reclutas!¿… A las nueve y media salimos de Barcelona debidamente colocados en vagones de… “carga” en los cuales la comodidad brilla por su ausencia…
¿Será tan largo el trayecto de Barcelona a Zaragoza, como para pasar veinticuatro horas en el viaje?... ¡Veinticuatro horas! ¡Un día!; metidos dentro del ya familiarísimo vagón.
Después de una hora de espera (seguramente no llegaban a ponerse de acuerdo el jefe de la Estación y maquinista -¿-), salimos de Zaragoza. Desde aquí el viaje observa un cambio de aspecto. Dejamos de ver ante nosotros los campos faltos de cultivos y aparecen otros (no en general) aisladamente cultivados.
Seguimos, el traqueteo del tren es incesante, tengo los huesos molidos… ¡quién tuviese un colchón donde sentarse!
A las diez y diez minutos (hora exacta en el reloj de la Estación) llegamos a Miranda de Ebro, estación de gran importancia, pues de ella parten trenes, correos, para San Sebastián, Burgos y otras capitales importantes. Nos dan una buena noticia; no partiremos hasta las dos cuarenta, enganchados en el correo para Burgos.
Bajamos del vagón, pasamos lista, por si a alguno se le ha ocurrido quedarse a ver la Pilarica. Estamos todos. Debidamente autorizados por el jefe de expedición (un Sargento muy simpático, y por añadidura, baturro) podemos ir a dar una vuelta por el pueblo. Poco tiene de importante. Las mujeres nos ofrecen quesos, bocadillos y vino (desde luego, pagándolo todo); nuestros estómagos piden a viva voz algo con que llenarse. ¿Qué más bien que un cacho de queso, un bocadillo de chorizo y un buen vaso de vino, de buen vino?...
¡Son las dos treinta!..., a escape a la Estación; llegamos, han pasado ya lista; vamos al sargento (ya malhumorado) nos mira frunciendo el ceño,… (todos callamos) por fin los pequeños hoyuelos de sus mejillas se profundizan… sonríe ¡estamos salvados de una bronca! Después de las consiguientes idas y venidas, cambiando de vía y maniobrando, salimos de Miranda.
Eso ya es otra cosa, ya no vamos en el tren de marcha lenta y horrendo traqueteo, vamos en el correo. Cuatro horas escasas de viaje bastaron para encontrarnos en Burgos. Otra vez pasamos lista. Presentes todos.
¡Burgos!
Por el Espolón, paseo principal de esta ciudad, nos dirigimos al cuartel de Sanidad Militar. Hemos andado media hora… llegamos; somos oportunos se está repartiendo la cena; cenamos (patatas con carne, tortilla de patatas, manzana y vino). No habiéndonos sido posible encontrar cama disponible en el cuartel, decidimos ir a dormir a Burgos. (Paciencia) otra media hora de andar ¿por qué estará tan lejos ese bendito cuartel?...
Después de haber oído de boca de tres posaderas –y no con mucha amabilidad- no tenemos cama, acompañados por un mozuelo logramos encontrar unas camas dispuestas a recibir nuestros casi descompuestos cuerpos.
A la mañana siguiente, después de dormir toda la noche como unos lirones, nos aseamos un poco, cargamos con el equipo y emprendemos la marcha hacia el cuartel.
Después de tomarnos la afiliación, nombres, oficios y otros detalles por el estilo, nos mandan al botiquín donde nos reconocen, y nos dan… (claro, y no es por menos) útiles para todo servicio; del botiquín otra vez a la oficina y de la oficina al almacén.
¡Al almacén!; allí es donde nos cargaron con el uniforme, botas, calzoncillos, camisa, toalla, etc. y cargando con todo nos dirigimos al dormitorio. Miramos como nos sientan los nuevos uniformes.
¿Por qué tendrán tantos botones?... Unos doce en cada pierna. Me viene pequeño; voy a cambiarlo; me viene grande; otra vez cambiado; ¡por fin! después de algunos esfuerzos logro meterme dentro. Nos miramos unos a otros y nos reímos a mandíbula batiente.
El cuartel reúne todas las condiciones higiénicas (ahora hablando en serio), duchas, wáter, comedor, dormitorio, biblioteca y cantina; solamente hay una cosa que no me gusta, la cuadra de las mulas; ¿por qué comerán tanto estos dichosos animalitos? o mejor dicho, ¿por qué tendrán la manía de sacar todo lo que comen?...
Podría contarte algo más, pero no quiero cansarte, y a lo mejor si te lo cuento todo ahora, no me queda para otra carta. Solo te diré que Burgos no me gusta y que si alguna vez me pierdo que no me busquen en él.
Y nada más, recuerdos a Teresa, Ventureta, a tu hermana y familia y demás amigos y tu recibe un apretón de manos de tu amigo
Francisco Raspall
P.D. nº 1 Pienso visitar la catedral, ya te contaré algo de ella.
P.D. nº 2 Mi dirección: Francisco Raspall
Cuartel de Sanidad Militar
Compañía Depósitos
Burgos
P.D. nº 3 Ya ves que soy extenso, veremos si tú lo eres igual ¿cómo va la Perfumería?... contesta pronto, pues es fácil que nos cambien de lugar.

 

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